Abran paso a los BRIC 2.0.
Jim O’Neill, economista global de Goldman Sachs, acuñaba en octubre de 2003 el término BRIC para referirse a cuatro economías emergentes que estarían llamadas a cambiar el orden geoestratégico mundial. Brasil, Rusia, India y China no sólo aglutinan grandes reservas de recursos naturales y un importante porcentaje de la población mundial, sino además un potencial de crecimiento e inversión arrollador. 8 años después, resulta evidente que el orden mundial ha cambiado y que los denominados “países emergentes” ya han emergido. Y han emergido hasta el punto de plantearse comprar títulos de deuda de la zona euro para evitar un posible contagio en sus economías.
Si bien las previsiones de Goldman Sachs emplazaban al año 2050 para ver efectos tangibles del auge de los BRIC, parece que la crisis financiera internacional ha acelerado los acontecimientos. Ya en 2010, China desbancaba a Japón como segunda economía mundial, al alcanzar su PIB los 5,8 billones de dólares frente a los 5,4 del japonés. Se estima que en 2030, el 40% de la población mundial residirá en China e India. Brasil se ha convertido recientemente en la octava economía del mundo tras adelantar a España y Canadá, y se espera que, ya en esta década, ocupe el 5º puesto dejando atrás a Francia y Reino Unido. Rusia, por su parte, tiene las octavas reservas mundiales de petróleo y las primeras de gas, hasta el punto de que sus exportaciones de energía representan cerca del 30% de su PIB.
Estos factores han propiciado el surgimiento de una nueva generación de “BRICs”, países que, por su potencial de crecimiento, dinamismo y atractivo para los inversores se perfilan como agentes a tener en cuenta en el contexto internacional. El siglo XXI estará marcado por un importante desplazamiento de las placas del poder mundial, y parece que los únicos capaces de hacer frente al aterrizaje de estas potencias serán Estados Unidos, Japón y Alemania. Hoy Goldman Sachs propone unir a los BRIC las siglas MIST por considerar que México, Indonesia, Corea del Sur y Turquía dan motivos más que evidentes para ser tenidos en cuenta. Por otro lado, Robert Ward, director de la estadounidense Economist Intelligence Unit, acuñó el acrónimo CIVETS para referirse a Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica por su economía diversificada y dinámica y por tener una población joven y creciente.
JP Morgan, por su parte, agrupó a Vietnam, Indonesia, Suráfrica, Turquía, Argentina bajo las siglas VISTA, mientras que el banco español BBVA acuñó el acrónimo EAGLE para países emergentes como Corea del Sur, Indonesia, México, Turquía, Egipto y Taiwán, que junto a los BRIC contribuirán más al crecimiento mundial que la media de los países desarrollados grandes.
El padre intelectual del concepto BRIC, Jim O’Neill, revisa a día de hoy su teoría y ya habla de los “Next Eleven” o N-11: Bangladesh, Egipto, Indonesia, Irán, Corea del Sur, México, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Turquía y Vietnam.
No obstante, habrá que esperar a que estas economías evolucionen y consoliden su crecimiento para situarlas definitivamente en el tablero económico mundial. Ningún analista es capaz hoy de predecir cómo un país como, por ejemplo, China, va a responder ante las crecientes fricciones del poder con la emergente clase media, que ya está reclamando derechos sociales. O cómo la India va a gestionar un crecimiento económico espectacular con tasas de pobreza absoluta del 22%. Los procesos económicos están sujetos también a condicionantes sociales y políticos, muchos de ellos impredecibles. Lo que sí es seguro es que, en este escenario globalizado, los papeles protagonistas son y serán cada vez más difusos.
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